El hogar
- Javier Fontcuberta
- 25 abr 2023
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 8 oct 2023
Hay tal cantidad de rutas posibles que siempre tendremos que elegir. Algunos eligen no perderse nada, lo entiendo, ¿Por qué no abrazar todo lo que nos ha sido dado? Sin embargo, en la búsqueda de la verdad que hay ahí fuera, nos perdemos la observación de lo que hay dentro.
Todo lo que nos precede perteneció a otro y, al nacer, lo heredamos. Aún sabiendo que el mundo nos pertenece, muchos de los bienes que podemos conocer se desbloquean, como en un juego. Para desbloquearlos necesitamos dedicarle tiempo y si le dedicamos todo el tiempo, que también nos han dado, habremos pisado este mundo con el único propósito de conocer la historia sobre la cual nacimos.
Para dejar una huella en nuestro paso por la vida, creo que es condición indispensable, debemos darnos cuenta que nuestra existencia es única, que el hecho de que hayamos nacido es lo que marca la diferencia para cada uno entre lo que nos ha sido dado y lo que podemos aportar nosotros a esta existencia.
Aunque la meta de uno sea descubrir los entresijos del mundo, todos elegimos basándonos en nuestras inquietudes, en nuestros gustos. Hay quienes, guiados por estas inquietudes, deciden hacer suyo un pequeño terreno. Lo cuidan y le dedican horas y esfuerzo. La diferencia entre querer abarcarlo todo y elegir una pequeña parte es la misma diferencia que hay entre un viajero y un lugareño. El viajero recorre el mundo y se impregna de conocimientos de diversas culturas, países y paisajes; el lugareño ve muchos viajeros y a algunos les enseña esa pequeña parte del mundo que él mismo ha estado cuidando y cultivando.
El hogar se construye, requiere tiempo y esfuerzo y no viene dado, tenerlo o no es una elección de cada uno.





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