Lucha de intereses
- Javier Fontcuberta
- 16 abr 2023
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 12 abr 2025
Curiosamente siempre hay algo que sacrificar: en las relaciones, el jolgorio, con el jolgorio, las relaciones; con el dinero, el tiempo, con el tiempo, el dinero; cuando ejercitamos la constancia, nos obligamos a renunciar a ciertas libertades, cuando hacemos uso de nuestra libertad, muchas veces nos sentimos culpables por no alcanzar ciertas metas ligadas a la constancia; cuando elegimos un plato cerramos la carta, sabiendo que nuestro estómago, como la vida, son limitados. Probablemente esta sea la razón por la que la vida tiene límites, igualmente, es posible, que por este mismo motivo se acabe.
Me pasó un hecho estúpido que me llevo a una reflexión curiosa: jugaba a un juego al que le dedicaba muchas horas, le dedicaba horas porque quería ser cada vez mejor y conseguir más logros. Los logros los podías mostrar al resto de jugadores, contra los que competía en internet (ya avisé que el hecho es bastante estúpido). Lo que pasó finalmente fue que algún tramposo desbloqueó en mi cuenta todos los logros y todas las posibilidades de mejora. Casi automáticamente perdí el interés.
Ese hecho, por estúpido que fuera, me ayudó a reflexionar sobre qué pasaría si todo, absolutamente todo, dependiese únicamente de nuestros deseos; si no tuviésemos que luchar por nada, elegir, renunciar... El juego perdería su interés.





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